Dolor pélvico tras parto - El episodio más difícil de mi vida

Tras un parto complicado desarrolló un dolor pélvico insoportable que la llevó por quirófanos, unidades del dolor y años de desesperación. Con GoiGroup recuperó la confianza en su cuerpo y tuvo un segundo hijo.

Es difícil y emocionante a la vez poder contar mi experiencia relacionada con el dolor… Ojalá pueda con mi relato, ayudar a alguna persona de la misma manera que me han ayudado a mí.

9 de febrero de 2018, nació mi hija Martina… una niña muy deseada después de varios tratamientos fallidos… fue un parto muy largo, demasiado… y en él, debido al esfuerzo se prolapsaron vejiga y recto… esta situación me impidió los primeros meses andar… ya que la musculatura quedó tan debilitada que apenas me sostenía para andar y sostenerme.

Los primeros días, semanas, es normal tener dolor después de un parto… pero conforme fueron pasando las semanas, los meses, me daba cuenta que aquello no era normal… a la incapacidad física se unió un gran dolor pélvico interno en la parte izquierda… el dolor no desaparecía con calmantes… y solo deseaba que se pasara y volver a mi vida anterior.

En ese momento comenzó mi GRAN peregrinaje médico. Ese verano comenzaron a darme medicación para aliviar el dolor, por supuesto no sirvió de nada. Pasaron a enviarme a una unidad de dolor en Zaragoza, y comenzaron a hacerme radiofrecuencias del ganglio impar, pasaron al nervio pudendo, etc…

Tras cada radiofrecuencia, no sentía absolutamente nada de alivio… cada médico al que iba me mostraba su teoría, pero todos coincidían en que había que probar y tocar los distintos nervios que eran los que supuestamente me estaban originando todo ese dolor.

Me quedo corta en decir todo el calvario que sufrí. Y creo que no debe ser el objeto de este testimonio, pero tras 9 visitas a quirófano para tratar distintos nervios y estructuras en la espalda, tomar todo tipo de medicación, antinflamatorios, opiáceos, antidepresivos, etc. probar con acupuntura, psicología, psiquiatras, etc..

visitas a una conocida clínica de Barcelona y durante dos años a otra conocida clínica de dolor pélvico en Madrid con infiltraciones quincenales… todo ello me sumió en una gran depresión, callejón sin salida, un horror… no sabía cómo salir de esa situación, y lo que era peor no veía la solución…y con ninguno de los tratamientos que recibía sentía ningún alivio.

Describo este escenario, para explicar por todo lo que pase antes de escuchar nada de GoiGroup. Lo describo porque me he lamentado muchas veces de no haberlos conocido antes, pero también creo que era el momento adecuado para mí, que tras haberlo probado todo, por fin estaba con la predisposición adecuada de escuchar algo diferente.

Fue una fisio de Madrid, la que me habló por primera de Arturo Goicoechea.. y fue en un viaje de vuelta en el Ave de Madrid cuando leí la primera vez sobre ellos. Un curso para perder el dolor?? Que cosa tan rara… confieso que sentí mucho escepticismo al principio… pero no tenía nada que perder y la fisio de Madrid me dijo que le había funcionado a muchas personas…

¿cómo algo tan “disparatado podía funcionar”?.. así que decidí comprar el curso.

Hice el curso de Know Pain en una semana, lo terminé y dije, vale: ya está… pero mi dolor sigue igual… y ahora qué? En mi caso fue necesario hablar con Maite, ella junto con Nuria, han sido mis dos grandes pilares…me han sabido acompañar en este proceso tan complicado y que me ha salvado la vida… nunca podré estar lo suficientemente agradecida a las dos.

Pero bueno, centrándonos en el proceso… al acabar el curso yo quería ver resultados, y evidentemente no los había, pero algo ya estaba empezando a cambiar. Había engullido literalmente el curso, y aunque me habría quedado sólo con el 5% de lo que allí se hablaba no me sonaba tan extraño las cosas que allí se decían.

En ese momento inicial, mis sesiones con Maite eran básicamente para desahogarme. Hablar de mi caso, vomitar todas las creencias que yo tenía hasta ese momento. Y tras unas sesiones, y después de haber hecho el curso y que me sonara algo de todo lo que allí se hablaba, digamos que allí nos pusimos a “trabajar”. Pero todo esto no deja de ser parte de un proceso y es necesario dar estos primeros pasos para encaminarte en la orientación correcta.

En mi caso, lo primero fue deshacerme de la idea de que dolor no es igual a daño. Vale, lo puedes repetir 1000 veces hasta aburrirte, pero esto no es un acto de fe, es algo que debes creer de verdad.

Y eso sucede cuando comienzas a integrar la información: del curso, de los libros, del blog de Arturo, de las “discusiones “con Maite.. etc. Yo creí durante mucho tiempo que yo tenía la zona dañada. Llevaban 3 años hablando de nervios pinzados, puntos gatillo, hipotonías, etc. y todas esas ideas no se van de un día para otro. Al revés, para mí fue el paso más complicado.

Y como digo no desaparece como por arte de magia: van pasando cosas, vas leyendo, discutiendo y poco a poco va cambiando la imagen de esa zona. Empiezas a trabajar en la idea de una zona sana, recuperada, fuerte, capacitada.

La imaginación es muy potente y ayuda a cambiar la idea que tiene nuestro cerebro sobre nuestro cuerpo (cuerpo virtual), porque vas desterrando poco a poco toda la información que como digo te han ido metiendo y que es la que desgraciadamente algunos médicos nos venden cuando ya no saben qué hacer contigo.

Tardé meses en deshacerme de la idea de daño. Iba por la calle y me imaginaba que las pelvis de las mujeres atléticas que veía por la calle eran como la mía. Intentaba construir una nueva imagen de mi pelvis, fuerte y sana.

Yo mientras tanto iba leyendo, aprendiendo conceptos sobre nocicepción, copia eferente, cuerpo virtual etc. y empecé a comprender que el dolor no deja de ser una propuesta cerebral que hace nuestro cerebro valorando la información que dispone y haciendo predicciones sobre lo que va a ocurrir en un futuro.

Y empecé a ser consciente de que la información con la que trabajaba era errónea y que además las predicciones sobre el futuro se basaban en el miedo, mucho miedo y comprendiendo eso, poco a poco comienzas a dar pequeños pasos, diferentes para cada uno, y son el comienzo del gran cambio.

Todo esto que puede parecer fácil es tremendamente duro, pasas por mil altibajos. Surge la rabia, la desesperación, porque por ejemplo en mi caso, llegué a un punto en el que digamos que había entendido todo, pero el dolor constante seguía allí, 24/7, y ese momento es muy duro. Para mí fue el peor momento.

Porque es en ese momento en el que hay que CONFIAR. Confiar en la ciencia, en la biología, en lo que te explica Maite, en mi amiga Nuria que había vivido un caso similar… porque ha funcionado a muchísimas personas, y tú no tienes por qué ser diferente. Lo que pasa que nuestro cerebro es un cobarde y vuelve a proponerte dolor. Hay que no atenderlo.

Pero no hacer como si no pasara nada, sino desde la calma. Intentar contrarrestar esa propuesta con otra basada en la biología, con toda la nueva información que vamos teniendo.

Digamos que es algo que tendrás que repetir 12443321255663365 veces al día y que resulta agotador. Pero confiad porque en ese momento ya se están produciendo grandes cambios a nivel interno y se están empezando a crear nuevas conexiones neuronales y se van quedando en desuso esas carreteras antiguas por las que circulaba la anterior información. Para ello a mí me ayudó mucho ver y leer cosas sobre neuroplasticidad.

Tengo que decir que yo estudiaba de forma “desordenada” hice el curso varias veces, leía muchos posts del blog de Arturo. Sus libros fantásticos y en concreto el de la migraña es una pesadilla cerebral me ayudó muchísimo para entenderlo todo mucho mejor.

Pero retomando el momento en el que hablaba antes… ese tiempo (meses) de auténtica desesperación, de altibajos… empieza a surgir algún momento en el que por fin cesa el dolor. No te lo crees, tienes el cuerpo “silenciado”. Una sensación maravillosa, por fin se apaga la alarma… pueden ser segundos, minutos y para los afortunados serán días, pero aunque sean segundos ya es la prueba irrefutable de que se puede conseguir y de que tu cuerpo puede volver a trabajar de la forma correcta.

Yo mientras estaba en este horrible momento, fue un verano muy duro, de muchos altibajos, mi amiga Nuria me escribió un whatsapp donde me escribió que ESTABA BIEN y me animaba a hacer mi gran sueño, intentar tener otro hijo. Y fue leer esas palabras que para mí sirvieron de punto de inflexión para dejar atrás tanto miedo y empezar a actuar como si realmente estuviera sana y bien. ¡Y es que lo estaba!! ¡Solo que todavía no me lo creía!

Ese momento Maite lo bautiza como momento ¡Ajá! Y es diferente para cada persona. Pero que en mi caso fue determinante.

Anteriormente había vuelto a montar en bicicleta, algo que había tenido prohibido por los médicos y que para mí era importante retomarlo, pero lo que de verdad supuso un cambio fue el intentar tener otro hijo.

No se puede estar leyendo, estudiando cierta información y luego comportarnos de otra manera diferente: no montar en bici por si acaso me duele, no sentarme de determinada manera, llevar este cojín por si acaso, tomarme esta pastilla por si lo otro… hay que actuar de manera coherente y ese feedback que recibe el cerebro es súper importante, potente y necesario.

En ese mes de octubre retomé los tratamientos para intentar tener otro hijo. Fueron meses muy complicados, donde el dolor aparecía acompañado del miedo de ¿y si va bien y me quedo embarazada? (los terroríficos Y sis? ¿Cómo voy a tener un bebé y volver a poner en “peligro” toda la zona?? . El dolor aparecía, se iba, volvía a aparecer, desaparecía, me desesperaba, me caía, me volvía a levantar.. pero ya no había vuelta atrás.

Yo estaba imparable en mi objetivo y poco a poco iba dejando el miedo atrás. Eese sin duda fue el mejor motor para mi cerebro. Me daba igual lo que me propusiera, yo estaba con las “ideas claras”, pero no por eso es fácil. Tienes que lidiar con esos meses y hay momentos en los que la desesperación y la rabia vuelven a aparecer y tienes que saber lidiar con esos momentos.

Es importante saber que ya no estás en el punto de partida, ya no partes de cero, estás mucho más arriba, pero cuesta mucho verlo en ese momento. También mencionar la “presencia” de la zona. Digamos que cuando el dolor comienza a desaparecer, aparece la presencia.

Es la linterna que está intentando poner todo el rato el foco en la zona “supuestamente dañada” es como que el cerebro está todo el rato comprobando si realmente allí no está pasando nada… y esa sensación en mi caso también tardo muchos meses en marcharse.

Tras un año de distintos intentos fallidos, decidimos poner punto y final a nuestro deseo de volver a ser padres, por nuestra salud mental. Ese momento fue muy muy duro para mí, por muchos motivos. No alcanzaba mi sueño y también, no podía demostrarme a mí misma que tenía la zona recuperada y preparada para volver a ser madre. Sentía que me faltaba eso para poner un punto y final a todo mi recorrido con el dolor.

Me decía a mí misma que tenía que ser feliz por todo lo que había conseguido y por todo lo que había conseguido dejar atrás, que tenía que continuar con mi vida, y sobre todo disfrutar a fondo de mi familia por todo ese tiempo robado que no pude estar con ellos.

Un año más tarde de todo esto, llego la sorpresa, y me quedo embarazada de manera natural. No me lo podría creer, y en ese primer trimestre llegaron de nuevo los miedos, y necesite varias sesiones con Maite nuevamente para poner orden a mis pensamientos.

Mi gran sueño había llegado, pero mi gran temor de volver a pasar por un parto otra vez me hizo vivir parte del embarazo con gran angustia a que fuera algo mal, y a volver a pasar por todo lo vivido anteriormente.

En esos momentos de gran miedo, es donde surge la fuerza interior de poner firme a tus pensamientos, y aunque me ofrecieron hacer una cesárea programada para evitar tocar una zona a priori “debilitada” después de pensarlo mucho, hablarlo con Maite, Nuria etc… confiaba en mí, confiaba en mi cuerpo, me sentía empoderada y quería volver a pasar por un parto vaginal y recuperar por fin la confianza en la zona.

El 19 de enero del 2024 nació mi segundo hijo llamado Mateo, en un parto maravilloso, sufrido, sentido… con pleno control mental del proceso. Fui muy consciente de cómo iba pasando todo, como el bebé iba bajando, lo sentí salir… en un momento en el que no podía tener más consciencia de mi zona pélvica. A la vez que empujaba pensaba en la fortaleza de mi musculatura, del famoso nervio pudendo… fue un momento muy muy emocionante.

Mateo nació de una manera muy fácil, sin sufrir, lo acompañé a venir a este mundo y no puedo evitar emocionarme al escribir esto. Es un niño lleno de paz, que sin saberlo me ha ayudado a cerrar el episodio más difícil de toda mi vida.

Gracias infinitas a mi familia. Gracias a Maite y Nuria, nunca estaré lo suficientemente agradecida… mis dos ángeles que sin ellas nunca lo hubiera conseguido ♥.

Y para terminar me gustaría poner el enlace a esta canción del rapero zaragozano Kasse O. Se llama “Renacimiento”. Para mí la letra tiene mucho significado: Se puede volver a renacer, se puede volver a vivir después del dolor.