Tras un accidente medular a los 20 años, pasó 36 años peregrinando entre especialistas, acumulando diagnósticos y medicación. Con GoiGroup y el curso Know Pain dejó la medicación, perdió el miedo y retomó actividades que parecían imposibles.

No sé si se trata de una historia de recuperación, pero os voy a contar por aquí como estoy viviendo esta goicohistoria.

Tengo 58 años y cuando tenía 20 tuve un accidente de tráfico. Ingresé en el hospital en la unidad de lesionados medulares. Estuve un mes en una cama con una contusión medular a nivel de cervicales, fracturas y heridas varias y complicaciones con un trombo. Una incertidumbre tremenda de si iba a volver a caminar, o no. El miedo y el dolor más grande que he pasado en mi vida. Y ya no cuento más.

Pasó el tiempo y me recuperé pasito a pasito, mucha rehabilitación y volví a mi vida normal de juventud y al trabajo… peeeero aquí empezó el peregrinaje, de especialista en especialista, de fisio en fisio, de centro en centro, gastándome todo lo que ganaba buscando quién me quitara el dolor, la rigidez, las mal llamadas contracturas, etc…

Aprendí todo lo que tenía que hacer para tener una espalda sana, sentarme bien, no coger pesos, no doblar la espalda, cuidar mi cuello, no hacer movimientos bruscos y medicarme mucho. Soy muy obediente y aplicada! Pero también a ser la que siempre le duele esto y lo otro, a ponerme el cojín en la espalda, a inspeccionar en dónde me sentaba, cómo era la silla, si era rígido el asiento, controlar las corrientes de aire, oír constantemente que iba a cambiar el tiempo y a mí me sentaría fatal…

y al final te lo crees, tienes miedo. Es por tu culpa, no haces las cosas bien, te dicen…y te lo vuelves a creer. Te lo dice un médico!.

Seguí con dolor todo este tiempo en la espalda alta y surgieron nuevas terapias (las he hecho tooooodas). Algunas parecía que funcionaban, y si no, ahí seguía gastando dinero, tiempo, de una sala de espera a otra. Dejé de comer alimentos que se suponía me inflamaban, tomé montones de suplementos, dejé de hacer actividades que me gustaban, me hice analíticas carísimas, y poco a poco te vuelves rara o estás triste o ya no sabes qué hacer.

Y mientras la vida pasa, sonriendo sin ganas, trabajando como puedes, historias de todo tipo que van cargando esa mochila que todos llevamos, y aprovechando los días buenos porque en verano estaba mejor.

Y llega el maldito confinamiento. Aquí se me suman un montón de síntomas, dolor de caderas día y noche, dolores en una parte de la cabeza, vértigo, niebla mental, pérdida de peso, caída de cabello, insomnio, capsulitis retráctil en los dos hombros (2 años de rehabilitación diaria).

Y ya me visitan en la clínica del dolor y me diagnostican artrosis, tendinopatías, inflamación de bajo grado, sensibilización central, osteoporosis y polimialgia reumática (infiltraciones, más medicación, cortisona, opioides, antidepresivos… y uno con un nombre muy “lírico” que me dejó anulada totalmente y casi sin habla).

Mientras tanto descubrí a Arturo y me leí “Desaprender la migraña”, no entendí nada, eso no era para mí, pensé. Luego unos amigos me hablaron también de Maite y del curso de dolor, no tenía ganas de nada más; pero insistieron y tuve una primera cita online.

Maite me explicó un poco lo del error evaluativo, me trató con amabilidad, con empatía, y para Vitoria que me fui con mi marido en nuestras vacaciones. Me recorrí 700 km pensando que me había vuelto loca, con nervios, ¿otra cosa más?, ¿por qué no paras ya? me preguntaba.

En Diciembre de 2022 empecé el curso de Know pain, lo hacía deprisa, tomando apuntes, empollando todo (error), poquito a poco. Me regalaron el libro de Sapiens de Arturo, lo leí despacio, dos veces, y luego otro libro, y ver muchos videos, y alguna visita más online. Pero seguían apareciendo propuesta de otras terapias (y las probaba), mezclaba todo. Me centré y entendí, miedo, miedo, era lo que tenía que quitarme, observar que no había daño, romper patrones aprendidos.

El primer cambió que observé fue que podía levantar la cabeza sin miedo del lavacabezas cuando iba a la peluquería (siempre tiraba de la toalla con miedo, 36 años así). Ahí me di cuenta de que algo pasaba.

Dejé la medicación y dejé de hablar de lo que me duele. Me apunté a actividades que me gustan con gente nueva, escribo en una revista gastronómica comarcal, y lo mejor, voy a bailar a un centro nuevo que parecía que me estaba llamando.

Me apunté también al curso de movimiento con Rober y María, pero he de reconocer que no pude con todo, pero entendí lo de moverse de una forma natural (ahora me cuelgo de una barra de vez en cuando, me pongo en cuclillas o doy una voltereta, cosa impensable antes).

Cada día leo a Inés, qué humor tiene más bueno! Recupero mi vida y en diciembre de 2023 dejan de dolerme las caderas, mis brazos funcionan, la zona cervical y dorsal no me dan tanta guerra, aunque se cargan de vez en cuando.

Esto no ha terminado, sé que tengo que confiar en que no pasa nada malo, observar y entender lo que está haciendo mi organismo. Ahora tengo información nueva. He aprendido a relativizar, a dejar la hipervigilancia y a darme tiempo. Como me dijo Maite: el que te lo pone te lo quita! Estoy mucho mejor.

Gracias Maite por tu ayuda!