Alba
Alba llevaba 20 años con migrañas y el neceser siempre cargado de pastillas. Tras el curso Desaprender la migraña, lleva más de un mes sin tomar pirulas. Primer viaje pirulasfree.
El primer viaje pirulasfree
Pues aquí estoy yo, mes y pico después de empezar el curso, sin haber tomado pirulas.
Ya os conté el primer gran migrañón, en el que me repetí en bucle lo absurdo que era tomar un antiinflamatorio porque no había nada inflamado. Y cómo aluciné pepinillos cuando me desperté al día siguiente sin dolor, y sin haberlo tomado.
Y es que resulta que a mí solo me hacía efecto un antiinflamatorio concreto, curiosamente menos potente que muchos otros que había probado (y creedme cuando os digo que los he probado todos). Yo tenía mis teorías en plan “es que este se absorbe más rápido porque blabla y entonces el efecto es más potente porque mimimi”. Total, que a cualquier viaje iba yo con mi cargamento de pirulas, el antiinflamatorio ese y otros tantos porsiacasos. Porque en todos los viajes, al menos un día, tenía que echar mano de él bajo la premisa de “sí hombre, de viaje y con migraña, que va, de cabeza a por el combo explosivo”. Yo era la típica a la que recurrir cuando alguien necesitaba una pastilla, porque siempre llevaba kilo y medio. En plan que si la policía me abría el neceser me iba a costar explicarlo. En fin, qué tiempos.
Pero ya no más. Llevo un par de semanas contándole a todo el mundo que he superado el primer mes sin tomar pirulas, y que todos los dolores se han ido tan silenciosamente como aparecieron. Todo un hito en mis últimos 20 años.
Y este puente me iba de viaje, y había decidido que las pirulas no venían en la maleta. Reconozco que me daba un poco de cosilla y que se me había venido alguna imagen de mi buscando una farmacia de guardia en una ciudad desconocida. Pero me reí del drama cerebral y no las cogí.
Y, por supuesto, no las he necesitado. Primer viaje pirulasfree.
Otro hito.