Recaída brutal, treinta años después

Isabel, terapeuta gestalt, comparte en audio cómo vivió una recaída 30 años después de la muerte de su hijo y cómo las herramientas de GoiGroup le ayudaron a atravesarla.

Buenos días, Inés. Soy Isabel, Isabel Fandos.

Bueno, hablamos de que te enviaría un fin de semana de puente fantástico por mis progresos, pero resulta que el siguiente, a partir del día 7, el fin de semana del 9, fue una recaída brutal después de 30 años.

Bueno, sigo. Primero, pues decirte quién soy, que ya lo debes saber. Yo conocí a Arturo hace, pues no sé, como 8 o 9 años. Le hice dos entrevistas también. Y lo que más me impactó es, dentro de lo que yo he estudiado sobre psicología, terapia y tal, es cuando me dijo, el cerebro es como un hígado, y si no está dañado, solamente la comunicación es lo que depende de él, la narrativa de tu vida. Yo siendo terapeuta gestalt, etc., etc., pues me resonó muchísimo porque nosotros ya trabajamos con algo así.

Después de esto, yo haciendo los cursos, y no todos, y ahora con la membresía, pues alucino. Os felicito a las tres del equipo. Ya no hace falta hablar de María ni de Maite, porque… Tal como lo dicen todo, aparte de mondarte, lo entiendes mucho, y te diré que por ser ingeniera, de unido, como decimos en catalán, la imaginación que tienes al poder para poner todo lo que pones cada día.

Paso a decirte lo que ocurrió para que te hable primero de un fin de semana y no del día uno, que era el divertido y el valioso.

Mira, yo el día siete fui a un cumpleaños. Fui a un cumpleaños de 50 años de una amiga de mi hijo Guille. Mi hijo murió hace 30, o sea, él no los podrá celebrar, ni ha podido celebrar ninguno más, ni los 20 años, porque murió a los 19 y medio. Entonces yo allí fue cuando empecé a trabajar y formarme en duelo, relación de ayuda, acompañamiento, después gestalt, después teatro, etc.

Bien, entonces yo acabé mi duelo, fue muy largo y duro. Tengo tres hijos más, me ayudaron a seguir adelante también y sobre todo la terapeuta que tuve. Hago mucha meditación porque también empecé a meditar y luego me considero practicante budista. O sea que el mindfulness son dos horas al día, una por la mañana y una por la tarde, cuando me lo deja mi último problema de divorcio contencioso hace tres años y una demanda penal desde hace seis, o sea que estoy divertida. Tengo alguna terapia con Maite para reforzarme en esto y me va muy bien, me ha ayudado mucho.

Y ahora paso a explicarte lo que ocurrió, que ya lo he empezado antes. Fui a este cumpleaños de una amiga de Guille, los 50. Yo acabé el duelo, para mí estaba no cerrado porque siempre sale alguna cicatriz que duele, pero bien, después de 30 años y de trabajar yo en ello.

Pues bien, siempre recordamos su día. Yo durante 20 años estuvimos haciendo en casa una misa con un cura muy rarito que era de nuestra confianza y era una fiesta que la gente ya llamaba la fiesta de Guille y ese día nos reuníamos todos en casa, si querían a Eucaristía día, si no, no, pero lo que hacíamos era hablar y explicar vivencias, tanto adultos como gente mayor, como a los jóvenes que habían conocido a Guille, sus amigos y los amigos de mis hijos pequeños.

Bien, yo pasé bien varias bodas de sus amigos, porque lo entiendo y lo tenía, vivía con ello. Para mí la palabra es vivir con ello.

Y este día hicimos esta cena con toda la familia de su amiga, que son unos amigos íntimos estupendos. Fue muy bonito, no fui con miedo, pero en principio le dije que no, luego que sí, pero tenía que celebrar con ellos porque ellos siempre han estado a mi lado y al lado de nuestra familia y fue muy bonita la cena, reímos, tal, cual, y luego sacaron los regalos.

Uno de estos regalos era un baúl de los recuerdos y en ese baúl de los recuerdos comenzó a salir fotos, ropa y anécdotas de la amiga. De Guille, Carlota, desde que nació. Yo bien, contenta, leímos todo, nos reímos, nos fuimos y bien, perfecto, esto era un jueves.

El viernes tuve muchísimo trabajo, pero empecé a encontrarme mal. Me dolía un poco todo, la cabeza muy turbia. ¿Sabes eso que las neuronas se desconectan de todo y no saben con quién conectarse y tú como individuo no sabes qué decirles? Pues eso, eso es lo que me pasó.

Sábado, horrible. Ya me levanté, ya vi que era todo, todo, recaída de todo. No podía andar, me dolían las cervicales, las lumbares, el equilibrio perdido. Pensé, bueno, quizá, como siempre, tendré fiebre, miraré que no sea una gripe esta HJKZ, las que existen ahora que son tantas o hasta el COVID, pero ni me tomé la temperatura.

Medité mucho, evidentemente. Y salió, salió lo que había. Yo es cierto que tenía un dolor de este que se llama en flecha, que te va desde el corazón hasta las dorsales, y eso lo padecí durante muchos años, muchísimos, con Guille, con mi hijo, en el duelo de mi hijo.

Y ahí se despertó algo, me hice un hartón de llorar, un hartón tan poco, pero lloré. Y lo vi claramente, el yo ver todo lo que vi. La infancia de Carlota, que solo se llevaba en 15 días, que hasta la ropa era similar a la ropa que se ponía en los bebés, en los niños y en la adolescencia, aquellos años. Y ver ahora toda esta familia unida de esta manera, celebrando su cumple, yo incluida, me hizo caer en el pozo otra vez.

Me lo pasé pasando en el pozo, intentando subir del pozo poco a poco, volví a caer, volví a coger, y ya iba ya a casa. Seguí probando las imágenes de cosas que tengo ahora, que son mis otros hijos con pareja, y tres nietas preciosas. Eso a veces ayuda, pero no soluciona.

Tuve que esperarme sábado y domingo, viendo alguna cosa de la tele de esas idiotas que te idiotizan, y entonces no sabes ni que eres capaz de pensar, ni te preocupas si piensas o no, simplemente te hipnotizas.

Bastante miedo pasé también a que esto en algún momento durara más de lo que tenía que durar, según mi evaluación, y bueno, me lo trabajé, me lo trabajé con todos vuestros métodos, porque ahora soy egoico total, aparte de todo lo otro que tengo, y hablando siempre con cariño y amor a mis neuronas, evidentemente, no se nos enfaden y se pongan peor. Y el lunes pues pude seguir con mi trabajo, un poco dificultoso, pero bueno, seguí, seguí, y ahí pasó todo, o sea que esta fue una recaída por la muerte de mi hijo después de 30 años, como se puede decir, pues te digo, jodido, y la verdad es que no me lo esperaba, porque lo temía.

Tenía muy trabajado, te digo, luego he trabajado en duelos y acompañamientos de enfermedades de todo tipo, y bueno, era inesperado, la verdad es que este era inesperado, pero como decís vosotros, el organismo va por sus caminos y las neuronas también, y a veces si ves un camino raro, has de preguntarte, y a veces también.

Y agradecerle a las neuronas la señal que te envían, porque cuando la sigues y encuentras la causalidad, pues te alivia, te alivia tanto en el cuerpo como en mi caso en el dolor emocional, que es un dolor que quizá no se habla tanto en egoico, pero que para mí, por experiencia como terapeuta, sobre todo con trastornos límites, y bueno, no le pongamos diagnósticos, pero a… pues he vivido terapias duras de las autolesiones, porque soportar el dolor emocional es más duro que soportar el dolor físico, y pasando al cuerpo parece que rebajas la tensión de este dolor emocional.

Inés, esta es mi historia, la que te quiero contar. Luego irá la otra, será más técnica, no lo sé, pero esta, la verdad es que tenía ganas de… de compartirla. No sé si será útil para vosotros, para alguien, de membresía, o de tus salidas, tus salidas diarias, que vaya estrés con el goiquito, y el segundo, pero, o segunda, no recuerdo, pero bueno, dime si lo ves factible, si puedes enviar este vídeo, si te lo pongo en papel.

Vale, gracias, y un abrazo fuerte. Soy incondicional.