Mi cuerpo y mi mente iban dando pequeñitos pasos que yo festejaba como si no hubiera un mañana

Hoy me escribe el correo una padeciente.

Me viene genial porque tengo que salir corriendo a hacerme el pasaporte.

Te dejo con ella, que su mensaje vale más que 1000 correos míos y está cargado de consejos sobre síntomas:


Hola, Goigroup.

Mi historia, como la de casi todo el mundo, consta de un particular peregrinaje.

Yo soy bióloga e intuía que si mi cerebro había tenido la capacidad de llevarme a una situación, probablemente también tendría la capacidad de sacarme de ahí. Pero ¿CÓMO?

Por un pequeño accidente doméstico acabo en la consulta de un fisioterapeuta que empieza en un momento dado a hablarme del cerebro, de Lorimer Moseley (me leo su libro “Explicando el dolor”), me habla de vuestro Arturo (me leo su libro “Sapiens ma non troppo), y me sigue hablando y explicando cosas y yo, aunque muy perjudicada con mi memoria y demás tonterías, intento (a veces sin conseguirlo) poner la máxima atención y me voy leyendo libros que me va recomendando y algún que otro artículo que me va pasando.

Mi parte cognitiva era un desastre, y aunque no recordara mucho de lo que leía, sí que parece que se me iba quedando de alguna forma, y junto con lo que mi fisio me contaba, importantísimo no sólo el qué sino el cómo me lo contaba, era como una lluvia fina que iba calando en mi.

A veces me volaba la cabeza con cosas contrarias a las que de alguna forma todos hemos mamado, pero aún estando muy perjudicada y muy agotada, yo seguía haciendo, pensando que en algún momento cuerpo y mente harían un click.

Mi fisio me habló de vuestros cursos, pero yo en ese momento sinceramente no daba para más porque además de mis cosas, también estaba pasando por un doble duelo.

El alma la tenía serena pero cuerpo y mente estaban en el socavón del metro.

Supongo que no era mi momento.

Aún así, yo no dejaba de hacer y muy, muy, muy lentamente (he tardado tres años en conseguir subir todas las escaleras hasta llegar a mi casa sin usar el ascensor) mi cuerpo y mi mente iban dando pequeñitos pasos que yo festejaba como si no hubiera un mañana.

A principios de diciembre fui a una librería y vi el libro de Arturo “El dolor crónico no es para siempre”, lo compré, y entonces sí que había llegado el momento y decidí hacer vuestro curso «Know pain No pain».

Este curso me ha dado respuestas a fases por las que yo he pasado (la rumiación es muy coñazo).

Algunas se las comentaba a mi pobre fisio al que le ponía la cabeza como bombo, porque además yo soy de naturaleza preguntona, pero otras me daba ya tremendo apuro.

Cada cosa, cada profesional, cada autor, con sus conocimientos y con sus diferencias a la hora de explicar los mismos procesos, te van enriqueciendo.

Yo os quiero hablar de vuestro caso, de vuestras formas.

Me gusta la “aparente simplicidad” con la que explicáis procesos, vuestras metáforas y vuestra cercanía.

Digo “aparente simplicidad” porque detrás de todo eso hay un gran trabajo, y lo sé porque yo he dado clases y a veces hay que dar muchas vueltas para hacer entender de forma fácil a los alumnos determinados conceptos que nosotros por nuestros conocimientos los vemos muy claros pero que no lo son para el que no sabe.

No nos olvidemos además, que los padecientes estamos (que no somos) perjudicados de alguna forma cognitivamente.

También me ha gustado que cada cierto tiempo incidierais en ir despacio.

A mi la opción de tirarme a la piscina no me ha ido bien en todos los años anteriores y he aprendido a ir despacio con pasitos muy pequeños y a disfrutar de eso (suerte que me encantan los puzles y sé que al principio son MUCHAS piezas separadas pero que poco a poco se unen y aparece una ÚNICA imagen bonita).

Todavía me falta un tramo por recorrer (yo partía desde un sitio muy profundo), pero ya estoy en una posición donde he recuperado bastante libertad y por eso además, puedo valorar determinadas cosas y sacar mis propias conclusiones y darme cuenta por tanto, de lo IMPORTANTÍSIMOS que habéis sido para mi.

A mi no me gusta el paternalismo barato ni la condescendencia de muchos profesionales, que por otro lado, se ofenden si haces alguna pregunta sobre si hay algo que uno mismo pueda hacer para hacerse mínimamente responsable de su proceso y no solo acatar y tomar religiosamente todos los complementos que se supone tienes que tomar.

De hecho, fui a un médico “supuesta eminencia” en la fatiga crónica (ese era mi problema) y salí corriendo (esto es un decir porque yo no podía ni parpadear).

Y del primer fisio al que fui salí escopeteada por lo mismo.

Yo tengo muchísimo sentido del humor heredado de mis padres, y ha sido y sigue siendo fundamental en mi recuperación, pero también soy tremendamente formal en el trabajo, y este proceso, realmente es un trabajo.

La parte teórica es buenísima, pero eso ya lo sabéis.

Pero para mi ha sido fundamental en vuestro curso que no nos tratéis como idiotas, que confiéis en nuestras posibilidades y nos hagáis responsables y libres en nuestro camino, nuestro tiempos, nuestras formas, sin presión, y esto la verdad es que se agradece muchísimo.

Esto debería ser lo normal, pero en realidad es una rareza.

He comprado también los cursos de “SOS Recaídas” y “A tomar x curso” que todavía no he empezado.

Espero no olvidarme de vosotros (mis padres me enseñaron la importancia de agradecer) pero igual, una vez que haga el curso “A tomar x curso”, mando todo esto a tomar viento, así que antes quería mandaros este correo agradeciéndoos, sobre todo ya no el qué, sino el COMO explicáis y vais dando las herramientas que nos son útiles para quitar los enredos de nuestra madeja y así poder tejer una mejor relación entre nuestro cerebro y nuestro cuerpo, y el RESPETO con el que nos tratáis.

El cerebro es fascinante, y el ir aprendiendo cosas “científicas” y a la misma vez experimentarlas en “tus carnes” es una experiencia difícil, muy difícil en determinados momentos (demasiados), pero muy curiosa y tremendamente enriquecedora.

Así que por tanto y más, muchas GRACIAS Maite, María y Arturo por vuestras herramientas. Y a ti Inés por tus correos tan cercanos y divertidos.


Bueno, mis correos han quedado a la altura del betún.

Pero lo de Maite, María y Arturo no es exagerado. Pocos monumentos tienen (ninguno).

Ni falta que hace. Tenemos a los padecientes.

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