Niño de 4 años me da una lección sobre síntomas
Al poco de terminar el confinamiento por el Covid19, cuando empezamos a volver a maravillarnos del verde de los árboles y la brisa en la cara, salí a pasear por un parque con mi hijo pequeño, Julen, que en ese momento tenía 4 años.
Mi hijo, que es como un Arturo en pequeñito, preguntaba:
¿Y por qué no podemos ir a la playa?
¿Y por qué no puede venir el aitá con nosotros?
¿Y por qué solo podemos salir una hora?
¿Y por qué no podemos usar los toboganes?
Como tampoco tenía respuestas para todo y la criatura tenía 4 años, yo le respondía que es que la policía no nos dejaba hacer todo eso.
Por aquel entonces había coches patrulla y policías en moto dentro de los parques, vigilando que no estuviéramos incumpliendo ninguna norma, cosa nada fácil.
De repente, nos cruzamos con dos policías en moto, y Julen se plantó delante de ellos todo enfadado y les dijo:
“¿Pero cuándo nos vais a dejar ir a la playa?”
Madre mía, estaba cabreadísimo. Normal, en base a la explicación recibida una y otra vez.
La explicación “es que la policía no nos deja” fue rápida y sencilla, para salir del paso frente a las preguntas de un niño de 4 años, aunque las cosas eran algo más complejas.
En fin, pensaréis que los policías se rieron. Pues no. Nos miraron con cara de pocos amigos, no les sentó muy bien.
Afortunadamente, siguieron su camino, y tras un tiempo prudencial, nos entró la risa.
El pobre hijo no entendía nada, así que le tuvimos que explicar la situación un poquito más en profundidad.
A veces las explicaciones “sencillas, para salir del paso”, nos pueden meter en problemas diabólicos.
Sucede lo mismo con el dolor persistente y otros síntomas sin explicación médica.
Las explicaciones, etiquetas y prohibiciones que a veces damos los profesionales como si la persona fuera un niño de 4 años, crean muchos problemas.
Qué leches, si es que a un niño de 4 años tampoco hay que darle esas explicaciones, si es que tarde o temprano se te volverán en contra, al niño y a ti.
Aquí te explicamos las cosas tal y como son. Sin cigüeñas de París ni semillitas. Apúntate a los correos: