Lo que aprendí de los síntomas en un sótano yankee
Cuando tenía 16 años, mi madre me dijo que me fuera a hacer 3º de BUP (1º de bachiller para los más jovencitos) a Estados Unidos.
Para aprender inglés, que es muy importante, hija mía.
Yo, como era muy formal y obediente, allá que me fui.
Un día estaba con una amiga en su casa.
Estábamos solas. Era de noche.
De repente, empezamos a escuchar unos golpes en el sótano.
Había alguien o algo allí abajo.
En nuestra cabeza el hombre del saco, noticias de adolescentes asesinadas, Jack el destripador…
Cara blanca, corazón a galope, ojos fuera de las órbitas…
Claramente, se oían golpes.
Salimos corriendo de casa y llamamos al vecino, que vino con el bate de beisbol (muy típico, lo sé) y con los ojos fuera de las órbitas también.
Pero mantenía el tipo, ya que era la persona adulta, responsable y valiente que habíamos elegido para salvarnos la vida.
Así que fuimos los tres al sótano de puntillas, el vecino delante cagándose en tó probablemente, con sus dedos incrustados en el bate, nosotras detrás incrustadas en su camiseta.
Los golpes se oían a ratos, había alguien o algo en el sótano, pero FIJO.
Nuestro Capitán América abrió la puerta.
Dio la luz.
Unos ojos nos miraban con alegría.
Era el perro. Un perro muy grande y bonachón que quería salir a mear.
¡Qué importante es tener una explicación de lo que está pasando!
Para los síntomas, no necesitas un bate de béisbol, pero te pueden venir bien los correos. Apúntate aquí: